Los locos.

Los locos, los raros, los incomprendidos, los solitarios, los rebeldes, los vándalos, las ovejas negras de la familia. Los que estudiamos una carrera que nadie más entiende que nos apasiona y no nos importa el varo, los que llevamos maquetas, libros, pinturas, apuntes, disquetes, spray, planos, pinceles en la mano. Los que vestimos a nuestro gusto y no a la moda, ni a la marca, ni a lo esperado, ni a lo que nos quede, nada de lo mentado. Los que escuchamos música rara de la que no se escucha en la radio, de la que hacen muecas nuestros padres, de la que nos piden bajarle el volume, de la que nos ven cantando solos y tarareando.

Los que leemos a Asimov, a Cortázar, a Velasco, a Sabines,  a Allende, a Benedetti, a Verne, a Orwell, a Jodorowsky y a cuanto otro loco nos cruce la mirada como carnada para devorarlo. Los que leemos como alimento.

Los que no entendemos de programas de televisión, pero sí de películas de festivales, de cortos, de animaciones, de reels, de comerciales. Los que nos vivimos pegados a todo artículo destacado, los que olemos el impreso y tentamos críticos el papel. Los que tenemos membresía de la biblioteca, de la ecobici y vales de descuento para el café. 

Los que nos desvelamos sin motivo aparente. Los que encontramos en una canción nuestra propia vida y la cantamos y la gritamos como himno desesperado y a veces llorando.

Los reclusos, los liberados, los extraditados.

Los que expresamos y pintamos con grafitti, en stencil, en poemas, en blogs, en comentarios, en una servilleta, en una canción, en la ilustración los lunes bien temprano.

Los que tenemos demonios y convivimos con ellos. Los que no nos limitamos, los que nos exigimos, los que lloramos a las cuatro de la mañana frustrados, los del deadline, los de las comidas a deshoras —si bien nos va—.

Los que les mantenemos el numerito a los bien portados, los sinceros y honestos, los que al no venderse son socialmente apaleados, los crucificados. Los que cuentan a un tiempo con amigos el mismo chiste gastado, la misma broma, el mismo recuerdo de una aventura de nuestro pasado.

Los necios, los raros, los locos; aquí estamos, no nos vamos.

 

 

Eirán

Camino a convertirme en el hombre que quiero ser. Asertivo, apasionado y perseverante. En busca del equilibrio entre razón y emoción. Astronauta y emprendedor.

3 comentarios en “Los locos.”

  1. Eso espero.

    “… los que odiamos comprendiendo, los que envidiamos construyendo, los que da lo mismo un regalo hecho 1 minuto antes en una servilleta que el que se compró en la tienda lujosa, los que nos da lo mismo regalar el día marcado que cualquier otro día, los que aprendemos para enseñar, los que tratamos de reconocer el paso del tiempo en la sociedad y juzgamos según el momento …

  2. Estoy… sin palabras… es como si te metieras en mi mente y escribieras mi vida, una descripción, una ironía, una casualidad…

    Nosotros los artistas, los soñadores de noche y de día, los continúos masacrados por nosotros mismos a causa de la sociedad que nos ha enseñado que no pertenecemos, nosotros los excluidos, los incomprendidos, los cazadores de ideas, los naufrágos de pensamientos, los ahogados por nuestros propios mares mentales; nosotros somos los locos y valientes que se atreven a luchar aún sabiendo que en su virtud se haya el defecto, que en en ángel yace el demonio, y que somos adictos a nuestra propia oscuridad.

    Gracias por tus palabras, porque después de mucho tiempo me siento comprendida, es bueno saber que no soy la unica “rara” del mundo.

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