Silencios

Te guardo los silencios, te los voy reservando en este espacio vacío. El día que se llenen sus confines ten cuidado, porque son tuyos y seguramente se irán corriendo como perro desatado, hambrientos y determinados en perseguirte como a un camión, perseguirte sin motivo ni  razón aparente, buscando morderte e hincarte el diente hasta penetrar en tu interior.

Duelen, lamento decírtelo pero duelen —bien lo sé—. Porque a veces guardan resentimiento de ser abandonados y cruelmente olvidados al quedarse con la angustia de comenzar alegres en la boca, gloriosos de llegarme a la punta de la lengua, ansiosos de ser pronunciados o entregados a manera de besos, pero en vez terminaron por ser tragados y golpeados luego por un nudo producido en mi garganta, sometidos, humillados y para acabarla de fregar utilizados de relleno en estos los vagos confines de mi corazón.

Barreras de impotencia reforzadas, cadenas para mis silencios que duelen igual que duele la saliva que me pasa al tragarme las palabras, ante tus supremos argumentos que nada tienen de supremos cuando quien habla es solamente tu ego.

Te guardo los silencios como prisioneros sometidos a tortura de indiferencia, mudos pero no muertos, vencidos pero no derrotados, ansiosos crecen dentro hasta que un día se escapen —como dije antes, como perros— fieles en suspiros al cariño o el aprecio de alguien más.

Por el momento no te preocupes, aquí te los guardo.

 

 

Eirán

Camino a convertirme en el hombre que quiero ser. Asertivo, apasionado y perseverante. En busca del equilibrio entre razón y emoción. Astronauta y emprendedor.

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