Tu nombre

No sé cómo pude llegar a odiarte tan apasionadamente o porque te deseo con tanta locura, ni sé de esta mezcla de sentimientos, pasión o locura o deseo, hambre o sed o aventura. Traigo escrito tu maravilloso nombre en las historias que vengo escribiendo ya sin tinta y que aún no hemos vivido, porque aunque a veces no sea yo tu protagonista tu siempre serás la mejor tinta y papel —digamos— de este soñador que ha aprendido a vivir la locura de tu piel.

Te aprendo con solo recordarte, atento —aunque no me agrade reconocerlo— a tus palabras, a tus viajes, a tus comidas, a tus deseos.

Te odio sin rencor, te odio con envidia.  Amo lo que eres.

Es tan poco el tiempo que te he conocido y es tanto lo que me has dado. Y no el sexo, ni el desayuno, ni la cena, ni siquiera la belleza de tus ojos: Tu locura. Es como mirar algo a través de los dulces ojos de un niño y desearlo sin malicia, pero desearlo hasta las tripas, hasta los sueños, hasta los dibujos, hasta en las líneas de constelaciones trazadas con el dedo.

Te odio tanto.

Te comería y sería feliz de tenerte en mis tripas, bien adentro sabiendo que eres mía. Eso sí, te comería con un tinto, de esos que tú conoces que son buenos. Me enamoraría, pero sería tan tonto como enamorarse de una golondrina y en la farsa unirme a su vuelo hasta ver las ceras de mi enferma idolatría derretirse y caer ya quebrado al suelo.

Aunque ciertamente ya estoy tan loco como para pagar el precio, porque ya no me es suficiente verte volar.

Te quiero fornicar.

Así; con odio tan aberrante y pasión tan desbordante que me pierda de la realidad, esa dónde no importa en qué cama estemos o si me amas o te amo, esa dónde no tiene ningún sentido el tiempo ni el exterior, dónde pierdas la cuenta de los orgasmos y mi lengua sean mil lenguas que te han tocado cada una de las vetas…, comenzando por esa marcada en el pliegue de tu sonrisa.

“Cada veta he dicho”, desde tus gloriosos labios y el sudor de tu vientre, hasta el profundo de tu ano y el duro de tus dientes. Y recuerdo, te recuerdo otra vez y no hay ninguna mujer que desee tanto abrir de piernas como a ti. No hay senos que desee morder, ni escuchar otro canto. Y recuerdo tu mirada de maliciosa experta mientras me chupas eso que dicen que tenemos por cerebro y recuerdo el calor de tu boca, el dulce jugo de tus labios vaginales mientras los chupo como el puto animal en que me he vuelto.

Y digo puto porque odio serlo, odio que las mujeres de mi vida no sean tu, ni tu cuerpo, odio que ninguna huela a ángel o demonio  o cualquier aroma que no provenga de tu sudor de mujer. Odio no poderte contener en la jaula, ni en papel, ni en las tripas. Odio que estas palabras sean tuyas. Odio que de mis putas ninguna tenga tu locura, ni tu francés, ni tu cabello, ni ese vestidito negro que imagino llevas puesto.

Te odio tanto.

Y ya no pienso seguir escribiendo, recientemente leí que “lo malo de los escritores es que estamos llenos de palabras”. Esta vez, permíteme ser yo quién te olvide o al menos que lo intente.

Eirán

Camino a convertirme en el hombre que quiero ser. Asertivo, apasionado y perseverante. En busca del equilibrio entre razón y emoción. Astronauta y emprendedor.

2 comentarios en “Tu nombre”

Deja un comentario