El miedo

El miedo, no es más que la reacción natural de las personas cuando llegan a cierto límite en sus creencias, es como llegar hasta ese punto de la calle y a partir de ahí en adelante; se encuentra  lo desconocido.

Las personas vivimos con el aprendizaje heredado de nuestros padres, religión, escuela, sociedad, etc. Se nos enseñó de ética y de moral, lo que es correcto e incorrecto, nos amaestrearon cual cachorros con castigos y premios.

Pocas veces nos enseñaron a ser críticos, buscar nuestras propias respuestas a prueba y error, pues muchas veces dichas búsquedas involucraban desarmar o romper algo, no se nos enseño a cuestionar a la autoridad (pues los padres son figuras de autoridad a fin de cuentas). Así que, cuando el sacerdote, la maestra o la tía decían que algo estaba mal, pues estaba mal.

Las personas viven con límites propios*, saben para sí desde y hasta dónde pueden llegar, a quienes pueden y deben querer, que es lo que deben y no hacer, al menos, eso se les inculcó que podían. Se les fue limitando gradualmente, pasaron de un mundo sin límites durante la niñez, poco a poco a los límites de la mal llamada “realidad”, una completo control mental de nuestras figuras —amadas—- de autoridad, así hasta que finalmente terminaron creyéndoselo. A todas esas ideas conscientes e inconscientes de lo que sabemos que podemos ser y hasta dónde podemos llegar a ser; “se llaman creencias”.

Cuando un cambio llega. Nos encontramos en los límites de dichas creencias, lo natural es sentir miedo. Pues mas allá se encuentra lo desconocido, lo que nos dijeron advirtieron que no debíamos hacer, lo prohibido… y generalmente —como bien nos entrenaron—   pensamos inmediatamente en el castigo, en las consecuencias, simulamos el mas duro escenario del fracaso.

Verás con el tiempo que el miedo no es más que un sinónimo de “frontera“, es el último aviso —en la carretera— advirtiendo que estas  a punto de salir de aquel territorio de lo conocido —y cómodos— hacía lo desconocido y claro, atravesarlo no es fácil ni es gratis, se requiere de valor y dedicación. La recompensa llega una vez que haz pisado el nuevo mundo.

En realidad no es importante lo que se encuentre en las nuevas tierras, lo importante es que ahora tu mundo y tus creencias se han hecho más grandes. Cuando maduras lo suficiente te das cuenta de que aquellas ideas con las que nos educaron se quedaron muy cortas, que simplemente ya no cabemos en aquel contexto —en aquellos límites—. A veces ya no cabemos en nuestra casa, nos queda chica y necesitamos mudarnos, cambiar y atravesar las fronteras es lo que representa por supuesto; un miedo.

Perder la estabilidad, la comodidad, lo conocido… ¡claro que aterra!, claro que representa un riesgo de fallar, de encontrarse con resultados no deseados, pero “quien lo intenta crea posibilidades; quien ni siquiera lo intenta, ya perdió”

El miedo —en lo personal— es un motivante, cuando sé que debo hacer algo y siento miedo y me hago consciente de ello sonrío, porque me observo a mi mismo temeroso y me causa gracia esa sensación de sentirme niño, indefenso y con dudas, ¡entonces me atrevo!  Yo confieso que el miedo ha sido mi mayor impulsor, porque gracias a él sé cuando debo hacer las cosas, ya sea bueno o no aquello que obtenga al cruzar la frontera, se que habré crecido y que mis conocimientos son mayores, ahora que tengo la capacidad de decidir si me quedo o me muevo a algún otro lugar según me plazca, pues soy libre y no presa de mis fronteras.

El miedo es emocionante, sí pues; te recorre el escalofrio, si pues; te inyecta el temor, si pues; dicen que es incorrecto. Pero el miedo es una línea tan delgada, tan insignificantemente rídicula como hacerlo o no hacerlo.

Haz del miedo tu mejor aliado, tu amante… “hazle el amor”.

Añadido el miércoles, 28 de Julio de 2010

*Las personas viven con límites propios – como en una burbuja de plástico –

De pronto vino a mi mente esta película que vi en mi niñez, ejemplifica nuestros límites personales, de como el miedo a ser heridos, el miedo ante la inminente derrota puede mantenernos cautivos durante años y años, hasta que un día decidimos, un día damos el paso que creímos tan complicado. Y nos encontramos la respuesta;  la recompensa que es tan grande, tan simple, tan natural.

Una película que deberían ver “El chico de la burbuja de plástico” con John Travolta.

¿La recompensa? La libertad.

Eirán

Camino a convertirme en el hombre que quiero ser. Asertivo, apasionado y perseverante. En busca del equilibrio entre razón y emoción. Astronauta y emprendedor.

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