Universos

Exploto con la furia de los universos,
de este y de los habidos y por haber,
con las ganas contenidas en deseos,
sin esperanza alguna por volver.

Porque no importa si estamos haciendo el amor o teniendo sexo, algo que es único en cada ocasión es nuestro orgasmo. Ese momento que dura segundos, instantes quizás, pero eterno a la vez, tan eterno como el preludio para obtenerlo: el coraje de atreverme a conocerte después de mirar tu bamboleo por la fiesta, de tus miradas indiscretas, de los celos por todos los que te rodean porque no estas conmigo. ¡Carajo por qué no estas conmigo! Mirarte de lejos y escuchar mientras me pierdo cuál primate que acude a sus bajos instintos, atracción pues.

Qué corta me parece la historia hasta que llegué a tu piel, que largo el tedio de mi vida a priori de conocerte.

Te beso extasiado mi diosa dispuesta,
cuál mortal iluminado bajo la ternura,
no de moral expuesta, sino de la textura
de tu piel, diosa de miradas perversas.

La gloria no se puede describir en palabras, ni en canciones, me doy cuenta de ello por lo infructuosos que resultan ser mis versos tratando de describirme tu interior, ese momento en el que mi erección entra entera, entra llena de rencor y odio a tu persona (porque el amor y el odio se complementan) y entra enamorada —sí, enamorada— (porque te estoy entregando mi cuerpo, mi confianza y mi amor).

Desear y amar tanto a una misma persona. Abrazarla de tal manera que quisieras enterrarla en tu pecho, hacer del acto: sexo y deseo, muerte de los dos. ¿Alguna vez has querido tanto a alguien que cuando estas en la cama a su lado, hay un momento en el que piensas: Ojalá pudiera quedarme así para siempre? Qué mejor “para siempre” que la muerte, la inmensidad del espacio, de la nada, del sin pensar después del orgasmo.

Enciendes el tabaco que tu ansiedad clama,
me recuesto en la cama y me tiendo a tu lado,
miramos al techo como si mirásemos al cielo,
el eterno punto fijo del tiempo sin importarnos.

Cuán delicioso debe sentirse un orgasmo tuyo, un orgasmo de mujer. Lo imagino prolongado, como una llama que arde y cala como una herida en carne viva al roce de cualquier contacto. Inevitable e insaciable mezcla de ese dolía y placer, esa irónica agonía del ser. Lo imagino concentrado como la tensión en la liga de una resortera: estirándose con rencor, sin condiciones. Jalando con ambición de romperse o romper algo de soltarse —apuntando—. Una cuenta que se hace más dura entre los dedos, hasta que sin advertirlo se nos resbala o mansamente la soltamos. Te sueltas a sentir —me imagino—, esa cuenta dura y fría cargada con pasión que te recorre desde el vientre a la cabeza con escalofrío de columna, que no termina en un instante ni en dos, golpea tu rostro provocando rubor incontrolable, que golpea tus pulmones y su aire, golpea tu pudor, tus miedos, tus males y los hace añicos, los pisotea como quien siente que el mundo es apenas un despilfarro.

Nada tengo que darte, comprende.
En un instante que lo he regalado todo,
lo di sin condiciones, sin futuro, ni presente.
pasado mi posesión, que a ti me he entregado,
como loco me he entregado.

No sólo yo, somos nosotros. Tu, yo y los que nos habitan como ángeles y demonios, quienes fueron y serán, todos metidos en la cama, en una orgía de dos. Convulsionando en el tic tac, jugando con los sueños y las pasiones. Tras las cortinas no hay tiempo, en nuestros cuerpos lo hay todo, es decir, toda la materia del universo (cada átomo existente). Fuera no hay nada, vacío, espacio sin sentido, gente sin razón, edificios de nuestra imaginación. Unidos en dimensiones astronómicas, proporciones exactas de lo que somos, de lo que queremos ser hasta ocupar el mismo espacio —la física no aplica, ni la gravedad, ni la psicología, sólo la imaginación—.

Lo que siento:
te siento y siento que te quiero,
quiero sentirte, quiero quererte.

Exploto con la furia de los universos, de este y de todos los habidos y por haber. No tengo ojos, ni cuerpo, por mí solo no soy nada; contigo lo soy todo. Nos sé capaces de crear mundos y universos, de explotarnos a placer y retornar a nuestros cuerpos tantas veces como nos sea necesario, nos sé capaces de hacer sexo y tenernos en amor. Mezclados en el mismo espacio. En este universo nuestro donde la materia me pierde sentido, sin expectativas de un futuro ni significado para el  pasado.

Después de los orgasmos, de la pedrada con dicha cuenta, de los habitantes callados, de los universos creados, del sexo hecho amor y del amor bien hecho. Nada mejor que la esperanza recuperada de tu alma a través del cuerpo, recuperar el aliento y tomar tu mano, abrir los ojos y sonreír por saberte a mi lado.

Eirán

Camino a convertirme en el hombre que quiero ser. Asertivo, apasionado y perseverante. En busca del equilibrio entre razón y emoción. Astronauta y emprendedor.

Deja un comentario