La historia que nos debemos

Me recuerda a nosotros, queriéndonos sin tenernos, queriéndonos insoportables, viéndonos lo mejor  y extrañándonos, muriéndonos lejos. Nos vemos pronto quién quiera que seas, nos vemos pronto, pronto, pronto nos veremos y seremos, seremos uno, seremos del otro.

Me recuerda esa historia que no vivimos pero que debimos apenas nos conocimos, aquella ocasión que nos seguimos de largo en Reforma o cuando nos encontramos al otro lado del andén. Debimos querernos arrebatadamente y jalarnos si no del brazo con el pensamiento, con la mirada, con un perfume de rosas, de mandarinas, de jazmines, de tu cuerpo, de sexo. Atravesarnos por encima de las vías sin importar el grito de la gente o el pito del tren, atravesarnos hasta encontrarnos, encontrarnos las miradas para vernos dentro, el alma dentro.


Me recuerda la cena que tuvimos y los manjares que exigimos, que degustamos entre risas y charlas, despedidas y finales. Aquella noche que te llevaste mi suspiro —de los últimos— impregnado en tu vestido. Aquella ocasión que te lleve flores hasta tu casa, tu rincón, balcón de las novelas de mi imaginación.

Me recuerda aquel viaje que hice por loco, con ganas de conocerte. Ya lo sabía y estoy seguro que sabías terminaríamos en la cama, la del hotel o cualquier otra cama, lo deseamos sin conocernos, nos quisimos apenas nos vimos. De esas veces que los poemas se sienten y se palpan en tus curvas, cuando las rimas las escupen tus ojos con tal naturalidad que parece irreal. Irreal es el absurdo de mi presente sin tu presencia. Hazte presente te lo demando con el mismo derecho que tú tienes sobre mí. Te exijo seas mía, mía cual latido es sin control y a merced de tus roces, pero mío porque está dentro recorriéndome sin ser cautivo, mío, mi corazón.

Me recuerda lo que fui antes de conocerte. Cuán desnudo ahora me siento sin ti, porque me tengo de cuerpo entero —espera y entenderás—. Me pertenezco, lo miro y lo compruebo en el reflejo pero no quiero. Quiero, te quiero e imagino que cuando te miras al espejo me ves contigo, yo me niego a verme y por eso me cubro, me pertenezco pero no quiero. Soy porque puedo, porque quiero serlo; un fantasma de recuerdos. Ajeno a la historia en algún lugar de tus recueros, me siento ajeno si no hay escrito entre ellos la palabra “nuestro”. Nuestro, lo tuyo y lo mío, recuerdos, recuerdo aquella historia que nos debemos, que vivimos siendo nuestros, nuestros, lo que debimos, lo que tenemos, lo que podemos y queremos.

Quiéreme, sé que lo quieres. Sé que me has llamado en tus sueños justo antes de caer rendida en la cama, esperando te llegue algún día, algún día que sea pronto, que me quieras, quieras que te encuentre, que te suceda. Acontece, no me pienses, cométeme.

—Eirán

Eirán

Camino a convertirme en el hombre que quiero ser. Asertivo, apasionado y perseverante. En busca del equilibrio entre razón y emoción. Astronauta y emprendedor.

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